Hope, el diamante maldito que tuvo 24 dueños muertos trágicamente

2022-09-25 09:00:43 By : Ms. Sunny Wei

Se cree que el diamante Hope fue extraído del río Kistna, en la India, cerca del año 1400. Pertenecía a la estatua de la diosa Sita, esposa del dios Rama. Al ser robado de su templo, en la mina de Golconda Kollur, en la India, una maldición caería sobre aquel que lo poseyera.

La maldición estaba escrita. Sólo debía desencadenarse.

Su primer dueño comprobado fue Jean-Baptiste Tavernier, un comerciante francés que se aventuró en la India. Durante 40 años se desplazó de norte a sur por esas tierras y recorrió casi 300.000 kilómetros. Un libro por él escrito certifica sus aventuras.

En una de sus travesías, Tavernier llegó a una región llamada Golconda, conocida por su “Valle de los diamantes” (el primer lugar del planeta donde se extrajeron estas piedras preciosas).

Fue allí donde Tavernier compró, en 1667, un gran diamante en bruto de color azul de 112 kilates. Algo casi sobrenatural ya que solo 1 diamante entre 200.000 tiene esa tonalidad.

Lo que Tavernier no sabía era que en sus manos tenía el diamante maldito. Y se lo llevó a París. Lo exhibió junto a otras joyas y una persona quedó maravillada ante la gema.

No era una persona cualquiera. Era el rey de Francia más famoso de la historia: Luis XIV.

En 1669, Luis XIV decidió comprarle a Tavernier un gran lote de diamantes y le pagó al comerciante la friolera de 147 kilos de oro puro.

En el lote entró el diamante maldito, que en ese entonces pasó a llamarse “Francés Azul”.

El rey mandó a tallar el diamante al joyero de la corte, Sieur Pitau, que lo convirtió en el “Diamante Azul de la Corona” y pasó a formar parte de la colección de joyas del rey.

Con la fortuna que le pagaron, Tavernier cumplió su sueño: compró un título nobiliario y como buen duque adquirió un castillo. Pero la maldición cayó sobre él. De la noche a la mañana perdió su fortuna en malos negocios, se declaró en bancarrota, escapó a Rusia, y empezó a vivir en la calle donde murió de frío en 1689 y unos perros salvajes devoraron parte de su cuerpo.

Mientras, Luis XIV usaba el diamante en las principales ceremonias, engarzado en un collar que era símbolo de la Orden del Toisón de Oro.

Todo el que veía la joya quedaba admirado y algunos, tuvieron el honor de lucirlo. Como Nicolas Fouquet, un funcionario del gobierno, que lo pidió prestado. Lo lució en un baile oficial, y después de esa noche, su suerte cambió. Fue acusado de estafa y murió de hambre en una prisión en 1680.

Una amante del rey, Madame de Montespan, convenció al rey que le regalara la joya. Este aceptó, pero la mujer no pudo disfrutarlo mucho ya que murió repentinamente en 1707.

Luis XIV que lo había portado pero nunca lo había tocado con sus dedos, lo hizo por primera vez el 7 de diciembre de 1715 cuando lo visitó el embajador del Sha de Persia. El rey le mostró el diamante y meses después murió de gangrena.

Su sucesor Luis XV ordenó conservar el diamante en un cofre, sabedor de la maldición y nunca lo miró ni lo tocó.

Pero quien vino después de él, el rey Luis XVI no resistió la tentación y se lo regaló a su esposa, la famosa María Antonieta. El diamante se convirtió en una piedra en forma de corazón, reduciendo su peso a 67 quilates.

La reina no creía en maldiciones y a cada fiesta que iba (que en esa época eran diarias) lo usaba. Pero era generosa. También lo prestó en una ocasión a la princesa de Lamballe.

María Antonieta y Luis XVI de Francia murieron guillotinados en 1793 y la princesa de Lamaballe fue linchada hasta la muerte por una multitud enfurecida durante la Revolución Francesa.

¿Quién se apoderó entonces de la joya? Un revolucionario llamado Guillot, que se llevó el diamante a Londres para venderlo. Las autoridades inglesas lo encarcelaron y en 1796 murió en prisión.

Pero antes, logró venderle el diamante a Catalina la Grande, que no bien lo lució murió de un infarto.

Un desconocido llevó entonces el diamante a un tallador holandés, Wilhelm Fals, que dividió el “Diamante Azul de la Corona” en dos.

Una mitad fue adquirida por Carlos Federico Guillermo, duque de Brunswick que perdió su fortuna en menos de dos meses. La otra mitad quedó en manos del tallador holandés.

El hijo del tallador, Hendrik, mató a su padre y le robó el diamante para vendérselo a un francés llamado Francis Beaulieu.

Hendrik, arrepentido de su crimen, se suicidó.

Beaulieu enterado de la maldición del diamante lo vendió rápidamente a un curtidor judío, David Eliason. El vendedor francés perdió el dinero obtenido y murió de hambre.

David Eliason, al saber de la maldición, se lo vendió más que velozmente al rey de Inglaterra: Jorge IV. Este, desconocedor de la historia de la joya, incrustó el diamante en su corona. En 1822 el rey se volvió loco y ocho años después murió.

Y entonces el diamante adquirió su actual nombre.

Sir Henry Hope, banquero, comerciante y coleccionista de joyas, compró el diamante. Sabiendo de su maldición.

Contrató a un grupo de espiritistas y magos que en una ceremonia mágica le aseguraron que la maldición no existiría para la familia Hope.

No fue así. Sir Henry murió de disentería en 1839, su esposa Adele, que heredó la joya, falleció repentinamente en 1884 y el diamante pasó en herencia su hija Henrietta, que se casó con el duque Henry Pelham-Clinton. La pareja murió y el diamante quedó en poder de su hijo, Henry Francis Pelham-Clinton Hope que vendió la gema en 1901 a un norteamericano, Jacques Colot.

Henry Hope murió loco, y Colot que no bien tuvo la joya en sus manos se enfermó, perdió toda su fortuna y se suicidó.

El próximo dueño del diamante Hope fue el millonario príncipe ruso Kanitowski, que le regaló la joya a su amante, Lorens Ladue, una vedette parisina. A los pocos días del regalo se pelearon entre ellos, el príncipe mató a tiros a su amante y él fue asesinado por revolucionarios.

El diamante maldito fue a adquirido por un griego, Simón Montarides, que viajando con su familia en un carruaje, el mismo perdió una rueda, cayeron a un barranco y toda la familia perdió la vida.

El periplo del diamante maldito continuó alrededor del mundo. Y llegó a las manos del rey de Turquía, Abdul Hamid II, que se lo obsequió a su esposa, Subaya Hamid. Tras una pelea entre la pareja, el rey estranguló a su mujer, matándola. Pero el también recibió la maldición: fue derrocado y murió en una prisión en causas misteriosas.

Nadie sabe como el diamante Hope desapareció y reapareció en la bóveda de un banco de París.

Lo cierto es que el diamante fue comprado por el director del diario Washington Post. ¿Fin de la maldición? Ni por asomo.

El banco que vendió la joya quebró de manera misteriosa, la esposa del director del diario enfermó y falleció, y el hijo del matrimonio murió bajo las ruedas de un carruaje.

Era 1910 y el diamante pasó a ser propiedad del joyero Simon Frankel que lo llevó a París y se lo entregó a otro joyero, Pierre Cartier que sabedor de la maldición buscó rápido un comprador.

Y los encontró en 1911. Era el matrimonio McLean que estaba hospedado en el hotel Bristol. El excéntrico matrimonio fue informado por el vendedor de la maldición y no sólo aceptaron comprarlo sino que le dijeron al joyero que para ellos sería un diamante de la buena suerte. Pobres de ellos.

Nunca imaginaron que la maldición se ensañaría con ellos de manera violenta.

Uno de los hijos de la familia, Vincent, de ocho años, murió atropellado. Una de las hijas, Elizabet, murió por una sobredosis de somníferos. El cabeza de familia murió en un hospital psiquiátrico.

La señora Ned Mac Lean, horrorizada, murió loca, no sin antes mandar a guardar el diamante durante 20 años en una bóveda de seguridad. Al cumplirse los 20 años, una nieta de la mujer, Evelyn Walsh Mac Lean, nieta, murió misteriosamente en Texas.

En 1949, un joyero experto en diamantes, Harry Winston, compró el Diamante Hope, le realizó cortes geométricos para aumentar su brillo y lo donó al Museo Nacional de Historia Natural del Instituto Smithsonian de Washington. El museo no quiso aceptarlo en un principio ya que el presidente presidente estadounidense Dwight Eisenhower, sabía de la maldición y alertó al museo.

Finalmente los intereses económicos fueron más poderosos que la maldición y el Museo aceptó el diamante. Pero antes de recibirlo, la maldición se desató sobre inocentes.

Winston mandó el diamante por correo, en una encomienda que le costó U$S 145,29. El cartero que llevó el diamante al museo, James Todd, murió atropellado, al enterarse de lo sucedido su mujer murió de un infarto, la casa del matrimonio se incendió y el perro del matrimonio murió asfixiado con su propia correa.

Hoy, 2022, el diamante Hope está expuesto en el pabellón Harry Winston. Después de la Mona Lisa, es el objeto que más visitas recibe al año. Casi 8.000.000 de personas admiran anualmente esa joya valuada en U$S 300.000.000.

Ah, Harry Winston, el hombre que donó el diamante, tampoco escapó de la maldición. Murió de un inesperado ataque de corazón.

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